De procesos aislados a una visión integral del negocio
Hay una paradoja frecuente en la gestión organizacional: empresas que funcionan, pero no fluyen. Cada área cumple sus objetivos, los equipos trabajan con dedicación y los reportes muestran resultados aceptables. Y sin embargo, el negocio opera con una fricción constante que nadie termina de explicar: las decisiones se demoran, los errores se repiten en la interfaz entre departamentos, los clientes perciben inconsistencias y escalar la operación parece requerir un esfuerzo desproporcionado respecto al crecimiento real. La causa, en la mayoría de los casos, no es la falta de talento ni la ausencia de voluntad. Es que cada área gestiona sus procesos como si fuera una organización autónoma dentro de la organización.
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